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Circular Escéptica

FALSOS MÉDICOS PARA FALSAS MEDICINAS

Publicado el 15 de abril de 2009 en el boletín "Número 4".
Autor: Héctor Fajardo

Clasificado en: Pseudomedicinas, Charlatanes, Escepticismo

No hay pseudociencias que me produzca más terror que aquellas que poseen el afán pretencioso y terrible de desbancar a la medicina. Son terapias que se autoproclaman milagrosas, capaces de curar todo tipo de dolencias, aunque carecen de pruebas que avalen su eficacia: tratamientos que poseen el mismo valor terapéutico que una piedra. Pero aún más siniestros me parecen los «profesionales» de lo ineficaz. Personas como usted o como yo pero con un detalle que las hace especiales: son capaces de jugar con la salud de cualquiera sin apenas ruborizarse y, no contentos con ello, por sus servicios les cobrarán cifras astronómicas.

Las acciones de estos enemigos de la salud no solo afectan al bolsillo del ciudadano, sino, a la larga, también a su amor propio. Prácticamente la totalidad del territorio nacional está plagado de consultas de todo tipo de «médicos alternativos» (como les gusta llamarse, aunque no son alternativa de nada): acupuntores, homeópatas, expertos en flores de Bach... Sin embargo, este artículo se centra en un falso médico chino que en la actualidad ejerce en Tenerife sin control alguno de las autoridades sanitarias de la Comunidad. Se trata del «doctor» Shao Liang Din, experto (según él) en medicina tradicional china y un erudito conocedor de las energías que circulan por nuestro cuerpo.

Este falso médico ya es conocido por los responsables de la Consejería de Sanidad. De hecho, en 2005 se le denegó el permiso para abrir una consulta sanitaria en pleno centro de la capital tinerfeña, previo informe negativo de los encargados de su inspección. Su centro terapéutico no cumplía ni los más mínimos requisitos de higiene y fue incapaz de presentar titulación alguna, a pesar de mantener que era experto en medicina china. Supongo que el curioso «doctor» pensaría que el encargado de tramitar su licencia de apertura debía fiarse de su palabra.

A pesar de ello, Shao Liang mantuvo su pequeña clínica abierta durante años antes de despertar la atención de las autoridades. Tiempo este en el que se lucró sin rubor alguno y trató a sus pacientes con una falta de higiene y profesionalidad vergonzosa. Debido a la negativa de la Consejería y del propio Ayuntamiento, Liang decidió trasladarse de Santa Cruz de Tenerife hacia algún municipio del sur de la Isla, donde el número de extranjeros es mayor y el control institucional mucho más moderado. Por todo ello instaló de inmediato su residencia en Granadilla de Abona. Allí, nuestro ilustre «doctor» abrió un restaurante y en el piso de arriba estableció una nueva consulta.

Siguió manteniendo su cartera de pacientes. Sin embargo, su afán de captar nuevos clientes no cesó y estableció una curiosa forma de promoción. En el propio restaurante, cuando los clientes terminaban su menú, sus camareros les entregaban una pequeña tarjeta de presentación. En ella se puede leer «Centro terapéutico tradicional chino. Dr. Shao Liang Din. Acupuntura, Moxibustión, Tui-na, Ventosas, Fitoterapia». Como elemento decorativo podemos encontrar además varias letras chinas y el signo del Ying y el Yang, que estarán de acuerdo conmigo en que viste mucho. Asimismo, es el propio restaurante el que sirve de sala de espera a la consulta médica... todo un homenaje a lo absurdo.

Poco tiempo después, Liang tomó la decisión de colocar incluso un cartel indicativo de su centro terapéutico. Todo parecía indicar que las autoridades sanitarias no tenían ni idea de que el señor Liang había reanudado las actividades que hacía tan sólo unos meses les habían prohibido.


«Código Abierto» destapa el pastel

Toda la información aportada anteriormente pudo ser obtenida gracias a que hace aproximadamente un mes me alertaron de que este falso doctor chino seguía ejerciendo su trabajo en el sur de la Isla. Tras unas breves indagaciones, el programa «Código Abierto», donde actualmente trabajo como coordinador de redacción, logró localizar a este curioso terapeuta y enseguida planteé a los redactores la necesidad de pillar al sanador con las manos en la masa. Es decir... realizando un diagnóstico. Por ello, un redactor y yo mismo nos hicimos pasar por pacientes de Liang.

Provistos de una cámara oculta y micros entramos en el restaurante y nos presentamos al camarero. Le comunicamos nuestra necesidad de hablar con el «doctor», ya que uno de nosotros (el autor) padecía fuertes dolores de espalda que deseaba aplacar. Enseguida el empleado amablemente nos invitó a esperar e incluso nos ofreció una bebida. Una de las mesas del local estaba destinada a tal fin, ya que en ella podías encontrar las mismas revistas que se encuentran en una consulta médica o en una peluquería, con el fin de hacer más grata la espera. Acto seguido, el mismo camarero telefoneó al curandero (aún no tengo claro cómo llamarlo) y le advirtió de nuestra presencia. Posteriormente, se acercó a nosotros y nos confirmó que su jefe estaba a punto de llegar, ya que se había desplazado a un conocido hotel del sur de la Isla para atender a una paciente alemana, a la que siempre trata cuando viaja de vacaciones a Tenerife. Pocos minutos después hizo acto de presencia el falso médico impecablemente vestido y nos pidió que lo acompañáramos.

La consulta, como adelanté al principio del artículo, estaba situada en la planta superior del restaurante. Allí le expliqué al «doctor» mi problema y que estaba cansado de la medicina convencional, ya que no me daba soluciones (en fin, lo típico).

Su escritorio estaba entre cuatro paredes destartaladas, tan solo decoradas con pinturas chinas sobre largas lonas. A la derecha estaba situada la estancia en la que poco después me invitaría a pasar. Se trataba de algo así como de un cuarto de curas. En ella había una camilla y numeroso instrumental «sanitario». Curiosa sin duda fue una de las imágenes que captamos con la cámara oculta. Varias agujas de acupuntura sin ningún tipo de precinto, al aire, estaban esparcidas en una mesa. En el mismo mueble, se apreciaban varias botellas con sustancias de las que hasta la fecha desconozco su contenido, ya que carecían de etiqueta alguna.

Liang me pidió que me acostase en la camilla y allí me tocó la espalda en diversos puntos. Tras un breve examen visual y táctil sentenció que padecía ciática y que además algunas de mis vértebras sufrían demasiada presión. Como podéis imaginar, hasta la fecha no padezco lesiones de espalda y mucho menos ciática.

Finalmente, el «doctor» me recetó acupuntura o «pinchar», como él mismo denominaba a su terapia, para tratar el dolor de mi espalda, así como masajes chinos y la toma regular de una sustancia fabricada por él mismo. Sin embargo, no pude hacerme con ese producto, ya que había quedado en entregármelo en una siguiente consulta. Consulta que jamás se produjo por la desconfianza del terapeuta.

Estos tratamientos realizados conjuntamente servirían, según él, para que mi espalda volviera a la normalidad y que jamás me volviera a dar problemas... Cada sesión costaba ochenta euros. Sin embargo, en mi caso, por mi edad, me iba a cobrar «tan solo» sesenta euros, una cifra que es, cuanto menos, desproporcionada.

Antes de irnos, el redactor le preguntó por qué no tenía su titulación formativa colgada en la pared de su consulta, así como la licencia de apertura y la de la inspección sanitaria. El falso médico quedó desconcertado con esas preguntas y reconoció no tener el permiso de Sanidad. Sobre el título, lo único que se le ocurrió fue decir que se lo había dejado en China, aunque de nada le serviría traerlo a España, ya que no estaba reconocido. Sin embargo, pronto su aparente tranquilidad se tornó en hostilidad cuando insistimos en querer aclarar esos puntos. Con tono tosco nos sugirió que si teníamos miedo que fuéramos al médico y nos olvidásemos de sus atenciones. Sinceramente, este hecho me llamó mucho la atención, ya que entra dentro de la normalidad exigir calidad y profesionalidad a quien te ofrece un determinado producto, aunque ese producto sea, como en este caso, una gran montaña de mentiras sin edulcorar.

Todo este material fue puesto rápidamente en conocimiento de la Policía Local del municipio donde actuaba, así como de la Consejería de Sanidad.

Pocos días después, el espacio de televisión «Código Abierto» mostraba al público un reportaje completo sobre las peripecias de este falso doctor. Una emisión que gozó de una gran respuesta de la audiencia. En él no sólo se dejaba en evidencia la mala praxis de Shao Liang, la lamentable higiene de su consulta o el peligro de someterse a sus agujas de acupuntura, sino también la lentitud de la Consejería de Sanidad a la hora de establecer un control eficaz hacia este tipo de profesionales de «lo alternativo».

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