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Circular Escéptica

MALAS HIERBAS EN EL JARDÍN: VINOS Y VIÑEDOS BIODINÁMICOS

Publicado el 15 de diciembre de 2008 en el boletín "Número 2".
Autor: Douglass Smith y Jesús Barquín

Clasificado en: Astrología, Pseudociencias, Escepticismo

La imagen de los vinos biodinámicos se ha realzado en los últimos años, apoyada por la proclamación de su fe biodinámica por parte de un puñado de productores de primera fila. Mientras unos tienen un talento enológico fuera de toda duda -como Peter Sisseck, dueño de la bodega española Dominio de Pingus-, otros poseen una marcada habilidad para llamar la atención con sus ideas «new age», como el bodeguero francés Nicolas Joly y el americano Randall Grahm. Además, la mayoría de escritores y medios de comunicación especializados vienen acogiendo este movimiento con simpatía y una acrítica credulidad.

A pesar de la popularidad del concepto y de la creciente frecuencia con que aparecen en el mercado vinos biodinámicos, hay cierto desconocimiento acerca de en qué consiste realmente esta práctica. No es raro que se considere como una manera más de referirse a la agricultura ecológica o biológica. En este artículo se explicarán sucintamente las prácticas esotéricas, se comentarán algunas virtudes de este peculiar punto de vista en materia de vinos y se explicará por qué las pretensiones pseudocientíficas de la biodinámica han de ser rechazadas.

Fundamentos de la biodinámica

La biodinámica empezó con una serie de ocho discursos sobre la agricultura en junio de 1924, escritos por el «antropósofo» austriaco Rudolf Steiner. No hay espacio aquí para describir ni sus extrañas creencias, ni sus inútiles intentos de fundar una excéntrica «ciencia espiritual», pero por lo menos debemos mencionar su antipatía por investigaciones científicas de un tipo más «ortodoxo». En su lugar, puso toda su fe en una técnica investigadora de cosecha propia, que parece que consistió sólo en meditación intuitiva y conjeturas. Con estos métodos, llegó a unas revelaciones sorprendentes: por ejemplo, que «el etéreo se mueve con la ayuda de azufre por senderos de oxígeno», y que «la espiritualidad que -otra vez con la ayuda del azufre- está trabajando así en nitrógeno, es la que solemos describir como la astral», y cosas parecidas. Sólo podemos sugerir al lector una familiarización breve con el documento fundador de la biodinámica para gozar de su estilo.

Hoy en día, la biodinámica es una combinación de métodos estrafalarios y esotéricos de cultivo agrícola, que vienen a añadirse a ciertas prácticas cercanas a las ecológicas. Los métodos biodinámicos incluyen:

-La aplicación a los viñedos de «preparaciones» y preparados homeopáticos «dinamizados» mediante movimientos centrífugos súbitamente invertidos.
-La toma en consideración de los ciclos de la Luna y de las posiciones relativas de los cuerpos celestes (astrología).
-El estudio con un péndulo de líneas terrestres de energía cósmica, y la instalación de menhires cuya «función» es canalizar esta energía (llamada «geoacupuntura»).

Estas y otras pretensiones de similar corte confluyen en una cosmogonía: el universo, gran y único ser vivo, cuyas partes están interrelacionadas entre sí. Consiste en un conjunto de propuestas con apariencia de ciencia y tecnología que, sin embargo, no puede superar un escrutinio racional.

El método central de la biodinámica consiste en el rociado del terreno y de las plantas con preparaciones entroncadas en la alquimia medieval. La elaboración incluye el enterramiento de un cuerno de vacuno relleno de estiércol («Preparado 500»), un intestino de vaca relleno de manzanilla («Preparado 503»), una calavera de oveja rellena de corteza de roble («Preparado 505») y objetos parecidos. Para acabar con los insectos y las malas hierbas, se dice que es adecuado convertirlos en cenizas y esparcir estas sobre el viñedo. Son prácticas que llevan a algunos referirse a ellas como el vudú de la viticultura. También a veces el producto, en proporciones infinitesimales, se diluye en grandes cantidades de agua para después someterlo a «dinamización», proceso que consiste en dar vueltas al recipiente en un sentido para, de pronto, invertir el sentido del giro creando un «vortex». Se supone que así las moléculas de agua adquieren las propiedades de las casi inexistentes moléculas del producto diluido en ella.

La descabellada hipótesis de la memoria del agua es una de las bases de la homeopatía, pseudomedicina cuya popularidad parece haberse disparado recientemente, a pesar de que se han publicado sólidas refutaciones de su supuesta eficacia y acreditado su falta de base científica. La homeopatía, tratándose de viticultura, viene referida al terreno, para lo cual la biodinámica recurre a diluciones infinitesimales de diferentes preparados: de sílice, de estiércol, de cenizas, etcétera. Los resultados de los meta-análisis realizados en relación con la homeopatía aplicada a seres humanos como medicina «alternativa» son concluyentes y permiten descartar cualquier efecto de los métodos homeopáticos que no se deba al efecto placebo. Y, si no funciona como medicina en seres humanos, ¿qué posibilidad hay para que afecte a las plantas? Ninguna. Sin embargo, para la organización internacional Demeter, que certifica las granjas como biodinámicas, las explotaciones aspirantes sólo necesitan ser ecológicas y usar estos «preparados» en cantidades suficientes.

Otra de las notas chocantes de la biodinámica es su fe en la astrología y los signos del Zodiaco. Por ejemplo, uno debe quemar y reducir a cenizas las pieles de vertebrados nocivos (obsérvese: vertebrados, no insectos) sólo cuando el planeta Venus esté junto a la constelación de Escorpión. Mejor corramos un tupido velo... Sólo se puede decir que los problemas con los que se enfrenta la astrología son tan profundos y extensos como los de cualquier pseudociencia.

También característica de la biodinámica -al menos, de la que predican algunos de sus portavoces más conocidos, como Michel Chapoutier, en el Ródano, y Randall Grahm, en California- es la utilización de la «energía cósmica», donde tienen cierto protagonismo los menhires. Según sus partidarios, hay ritmos, fuerzas cósmicas y energías misteriosas que a través de mecanismos esotéricos influyen en los seres vivos, plantas incluidas. Las técnicas de cultivo, los productos empleados, los menhires, etcétera, tienen como objeto canalizar esa energía cósmica para que la vid y el terreno «vibren en armonía con el universo». Una imagen muy plástica, sin duda, aunque plantea un problema: ¿de qué energía cósmica se nos habla?, ¿en qué se basan para considerar una realidad lo que no deja de ser una imagen poética? Una perspectiva racional ha de limitarse a objetar que no hay ninguna evidencia de que tal fenómeno exista, y la carga de la prueba, por supuesto, corresponde a quienes la defienden como real, nunca a quienes nos mostramos incrédulos.

Lo positivo

A poco que se piense, no hay contradicción en el hecho de que un número de productores biodinámicos elaboren buenos vinos: aunque puede que las técnicas cósmodinámicas no sirvan para nada, tienen la evidente virtud de no perjudicar allí donde no hay una amenaza seria que combatir. También suelen ir acompañadas de un cuidado especial en todas las fases de la elaboración cuando se trata de productores verdaderamente enamorados de la viña y el vino. Es decir, se pueden encontrar artistas muy expertos enamorados de algunas prácticas inútiles.

Asimismo, la parte ecológica del enfoque biodinámico es razonable, por lo que tiene de agricultura sostenible y respetuosa del entorno. La agricultura, en general, y la viticultura, en particular, están metidas en una espiral de tratamientos químicos que conduce a una situación de difícil salida. La biodinámica surge, en buena parte, como respuesta a este estado de cosas, y podría tener indirectamente un efecto favorable con carácter global. En la medida en que asume buena parte de los principios de la agricultura biológica, contribuye a reducir el recurso a fuertes fertilizantes, pesticidas, herbicidas, etcétera. Habrá que ver cuáles son los límites que la realidad va imponiendo a las prácticas ecológicas en la viticultura; pero, sea como sea, el mero hecho de que la denominada biodinámica venga de la mano de una sustancial reducción del empleo de los mencionados productos debe contemplarse con alguna simpatía.

Ciencia frente a creencia

Hemos señalado algunos puntos saludables de la agricultura biodinámica. Ahora bien, no bastan para salvar sus aspectos esotéricos y astrológicos, en los cuales radica precisamente la originalidad y la razón última de ser de la práctica. Se trata de una creencia sobrenatural sustentada en suposiciones e intuiciones espirituales sin fundamento empírico contrastable. Sin embargo, quizás por un enorme golpe de suerte, parece que funciona. ¿Es verdad que la han investigado? Pues sí, pero son pocos los científicos capaces y rigurosos que se han interesado en el esoterismo de lo biodinámico. Por eso, el número y nivel de los estudios es bastante bajo. Una excepción apareció en 2005: fue el primer estudio sometido a evaluación por iguales sobre viñedos, escrito por un grupo de partidarios de la práctica en la Universidad del Estado de Washington, EE UU. Compararon agricultura puramente ecológica con agricultura biodinámica. ¿Y qué encontraron? Nada. No había ninguna diferencia relevante en la calidad del terruño, ni en los viñedos, ni en las uvas. Es decir, los rituales y preparados biodinámicos eran totalmente inútiles.

Hay quienes piensan que existe otra clase de ciencia aparte de la «ciencia convencional», cuyos métodos, mire usted por dónde, no servirían para medir y valorar la biodinámica. Pero, en realidad, todo lo que puede argumentarse racionalmente con el fin de convencer a los demás ha de estar explicado a través del método científico. La buena fe, las creencias, la experiencia personal forman parte inseparable de la vida de cada uno -y quizás una parte fundamental y muy enriquecedora-, aunque no sirven como piezas de convicción. Entre otros motivos, por el muy importante de que no son susceptibles de comprobación ni de refutación; no son transferibles.

Sin duda, todo el mundo tiene derecho a creer pacíficamente en lo que quiera o pueda, y a organizar su vida de conformidad con sus creencias. Sin embargo, mientras esta fe siga presentándose como un tipo de ciencia alternativa, será necesario detenerse a señalar, como en el viejo cuento del emperador desnudo, lo que casi todos piensan, pero pocos -al menos en el mundo del vino- se toman la molestia de proclamar: que muchos de los procedimientos biodinámicos son absurdos, que los comentados esoterismos van contra la razón, las evidencias y el sentido común.

Bodegas Biodinámicas en España y Sudamérica

(Puede ser que no todos los «cuvées» de estas bodegas sean biodinámicos).

Chile

Antiyal
Viñedos Orgánicos Emiliana (VOE)
Andes Peaks
Emiliana
Walnut Crest
Santa Emiliana

Argentina

Bodega y Estancia Colomé

España

Bodegas Schatz
Clos Erasmus (a partir del 2005)
Compañía de Vinos Telmo Rodríguez
Alma
Almuvedre
Altos de Laganza
Basa
Dehesa Gago
Gago
Gazur
LZ
Lanzaga
M2 de Matallana
MR
Matallana
Molino Real
Pago la Jara
Valderiz
Viña 105
Descendientes de J. Palacios
Bierzo
Corullón
La Faraona
Las Lamas
San Martín
Moncerbal
Pétalos del Bierzo
Dominio de Pingus (a partir del 2000)
Flor de Pingus
Pingus
Mas Estela
Quindalis
Vinya Selva de Mar
Nit de Nin (Experimentando con la práctica)
Quinta Sardonia

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